Me llamo Sara, tengo 30 años, estoy casada con el hombre de mi vida y soy mamá. Mi bebé se llama Héctor, tiene casi 4 meses, es rubio con los ojos azules, no sé muy bien de dónde los ha sacado, pero son preciosos, es dormilón, alegre, tierno, guapo a rabiar, no porque sea mi niño, es un precepción totalmente objetiva.

Héctor tiene Síndrome de Down.

Sólo quiero contaros nuestra historia.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Yin Yang.

Hola a tod@s, llevo algún tiempo sin .pararme a escribir y no porque no tenga necesidad o cosas que contar.

El domingo de la semana pasada estaba dispuesta a escribir un post lleno de positividad y alegría, porque una buena amiga me había dado una buena noticia y no hay nada mejor que ver que la vida le sonríe a aquellos a quien quieres, pero el domigo pasó y no pude escribir y llegó una semana muy dura, en la que he estado realmente insoportable, puede atestiguarlo mi marido que cualquier día me tira por la ventana, y con razón.

Así que me he decidido a contaros un poco todo, así en plan Yin Yang, lo mejor y lo peor de mí.

Resulta que tengo la suerte de contar con muy muy muy buenas amigas, de verdad lo digo, en mi vida he ido encontrando mujeres maravillosas que me tienen loca de amor por ellas y que se han convertido en parte de mi familia, hermanas adoptadas. Me gusta mucho pertenecer al mundo femenino, creo que es un mundo rico y precioso, pero de eso ya hablaré otro día, que es un tema que me mola bastante, no confundir con feminismo, no soy partidaria de ningún extremismo en la vida. El caso es que la semana pasada una de esas maravillosas mujeres me llamó para contarme su felicidad porque ha conocido al hombre de su vida, un morenazo guapetón que encima está en Sudáfrica como voluntario  y que la trata como a una reina. Y ella seguramente se irá para allá. ¡OLE CON OLE Y OLÁ! Y yo feliz, porque ella se merece todo lo bueno que la pueda pasar, me morí un poquito de envidía, porque yo misma antes de conocer al hombre de mi vida estaba planeando irme a Tanzania un tiempo como voluntaria después de haber hecho un viaje maravilloso con esta misma amiga de la que os hablo y dos más, cada cual más genial, un viaje por dentro y por fuera que me cambió para siempre, que también os contaré en otro post. El caso es, que me desvío, que yo tenía el proyecto d eirme a África un año con unas suecas que había conocido, pero al encontrarme con Javi quedó en eso, un proyecto, por cumplir que conste, no descarto que un día, asqueados de la vida occidental que llevamos no me vaya en plan Memorias de África, sin un duro, pero que me vaya con mi clan a buscar una vida mejor en contacto con la naturaleza. ¿Porqué cuando hay niños de por medio nos da tanto miedo irnos a vivir lejos, a un país no tan "desarrollado" como el nuestro? He empezado a seguir por instagram a una chica que es de EE.UU y que tiene un niño precioso con Síndrome de Down y que se parece de una manera muy intrigante a Héctor... ¡Parecen hermanos! Me gusta ver sus fotos porque este niño tiene 2 añitos y puedo imaginar cómo será Héctor con esa edad y me hago agua solo de pensarlo. Bueno, el caso es que esta chica, junto con su marido, el hermano americano de Héctor y su otra hija se van a vivir a Kenia ¡¡A KENIA!! Dios mío que envidia me da, y estoy segura de que el peque estará genial, vivirá feliz con sus padres y tendrán experiencias maravillosas. Viva la gente valiente, forever and ever.

Llegados a este punto pensaréis que he perdido el hilo por completo de lo que quería contar... ¡Pues no! Mi objetivo era contar cosas buenas, haceros soñar un poco con lo que podría ser de vuestra vida si abrís la verja que la rodea y os atrevéis a salir a campo abierto, podéis encontrar algún peligro pero será súper emocionante. ÑIIIIIIIIIII.

Ahora viene la otra parte, el Yang. Como os he dicho la semana pasada fue semana horribilus y como el objetivo de este blog era desahogarme allá voy. Espero que no me juzguéis por alguna cosa que me voy a atrever a confesar aunque estáis en todo el derecho de hacerlo, yo también me juzgo y casi siempre me declaro culpable.

El caso es que la semana pasada la familia aumentó. El hermano de Javi y su mujer tuvieron una niña. Riquísima, rosita, achuchable... Se parece mucho a Javi. Y yo... Yo me vine abajo. ¿Porqué? No porque no me alegre, estoy encantada y me parece un amor. Soy feliz por sus padres y me encanta escuchar una y otra vez cómo fue el parto, no sé si les pasa a todas las madres pero es empezar a hablar de partos y entrar en trance. ¡Me encanta! Pero... ahora viene cuando decís "esta tía es idiota", en el fondo... creo que esperaba que tuviera síndrome de Down. Me siento fatal reconociendo esto. Y no quiero que lo entendáis mal... No por venganza, no por un sentimiento oculto de envidia o de odio al mundo... No. No porque para mí el síndrome de Down ha dejado de tener ninguna connotación negativa, al contrario, no puedo sentirme triste si me entero de que nace un niño con Síndrome de Down. Hectolinomylove me está haciendo mejor persona, aunque ahora mismo no lo parezca, me hace completamente feliz y me ha enseñado lo que es el amor incondicional. Sólo quería dejar de sentirme "la excepción", durante toda mi vida las cosas que me han pasado y que han formado mi carácter han sido la excepción, los primeros casos, no sabéis cuántas veces he oído la expresión "es la primera vez que esto pasa" y no solo por Hecotlinomylove. Y, para qué negarlo, me empiezo a cansar. Yo amo a Héctor con todo mi corazón, no le cambio por nada en elmundo, es el niño perfecto para mí, pero si me concedieran un sólo deseo en mi vida sólo sería que mi niño naciera sin síndrome de Down. No sé si me entendéis, no quiero que penséis que experimento un rechazo, ¡jamás! Ni lo he sentido ni lo sentiré, de hecho nunca me cansaré de decir que yo no me doy cuenta nunca, que no pienso en ello y que es que me da exactamente igual, pero esta vida es tan injusta... ¿Porqué Héctor, que es mi primer hijo? Si tengo 30 años, si siempre me he cuidado, si no tengo antecedentes familiares... Pues porque soy la excepción.

Y entre estos pensamientos torturadores, lo mal que me he sentido por pensar así, lo fea y gorda que me veo últimamente...Empiezo a descontrolarme y llega un punto en que me convierto en un ser odioso, irascible, quejica, sombrío y que trata fatal al hombre de su vida. Y a veces cuando me vuelvo la repu y Javi se va al gimnasio para poder estar en paz un rato el pobre pienso, ya no va a volver, porque yo no volvería, entonces me entra mucha pena y miro a mi hijo y me da por llorar sin parar, entonces me pongo en YouTube un vídeo que me pasaron una vez sobre las madres de niños con Síndrome de Down y lloro todavía más, de alegría, por tener a Héctor, de pena, de impotencia y de rabia... Horroroso, una auténtica folclórica, me falta la bata de cola y pasearme con ella por el pasillo.

Menos mal que a los pocos días todo vuelve a su lugar y me vuelvo a reconocer en mi piel y en mi voz. Entonces me avergüenzo de las cosas que hago y pienso. Y me digo, pues, en general, soy muy feliz. La locura termina, vuelvo a ser un ser razonable y a pensar en lo positivo de esta vida que es muy bonita, pero es una perra.

Para terminar de mejorar las cosas por fin llueve y refresca así que paz completa. Me gusta el frío mucho más que el calor y con estas lluvias empiezo a florecer. En fin, siento si os he ofendido y espero que hayáis podido comprender un poquito lo que se pasa por mi cabeza de psicópata en potencia...

¡Mil besos!

Os dejo el vídeo que veo siempre, me lo pasó otra de mis amigas maravillosas y es... Mejor verlo. ¡Preparad pañuelos!


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